“Sentía como que mi alma se movía como un tren y una brisa en la frente. Dormitaba a veces, como que estaba en el limbo. Sentí que me sacaban cosas que estaban ahí pegadas, entre intestinos, utero, ovarios, duodeno. Había como una tapa gigante que me bloqueaba y yo la sostenía, hasta que todo se calmó y liberó”.

Marcela Angulo