Cuando me senté en la camilla creí que ya no era necesario venir, porque ya me sentía bien, creía que tenía todo resuelto.

Al empezar la sesión estaba flotando todo el tiempo, sentí masajes en las manos como unos círculos muy raros. Tuve un recorrido meditativo y pase por diferentes lugares. A veces miraba de lejos y otras más cerca. Recorrí mi niñez. Sentí un tirón en la pierna izquierda. Internamente se me movieron cosas, pero no era una sensación de relajación profunda, no estaba ni enojada ni molesta, estaba con una emoción neutral incluso al oír el ruido de las motos al pasar por la calle. 

Vi una cabeza grande como una animación, era como de madera con unos pelos de paja y alguien le decía a otra persona “perdónala que no nació bonita” y recordé a mis papás en el momento cuando nací.” 

 

Eliza Rodriguez